Mostrando entradas con la etiqueta Mientras derramo lágrimas.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mientras derramo lágrimas.. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de noviembre de 2008

A LA VUELTA DE LA ESQUINA


¡Vengo de compras!

He comprado una cuantas cosillas para decorar la casa en Navidad. ¡Qué ganas de ponerlo todo! Y es que es el primer año que celebro la Navidades junto a Sergio y las primeras Navidades que estamos en casa.

Aunque hay algo que sí me produce tristeza, son las primeras Navidades que no duermo con mis padres, las primeras Navidades que no me despertará el olor de esos churritos que hace mi madre, las primeras Navidades que no le ayudo a hacer los mantecados o los almendrados, o el roscón de Reyes o los suspiros..., las primeras Navidades que no veo montar a mi padre las luces, o sin ir más lejos, el primer año que mi madre no me despierta con un beso felicitándome el 30 de noviembre.

Lo importante es y por eso tengo mucha ilusión este año, que seguimos todos juntos, que la casa de mi madre se llena de alegría, de amor, de añoranza, de recuerdos.... que entre mis padres, hermanos, sobrinos y cuñados somos diecisiete personas y a mi eso...¡me encanta!


¡Qué ganas tengo de que llegue la Navidad!


domingo, 26 de octubre de 2008

CARTA A UN MALTRATADOR

Ayer recibí un correo que me dejó los pelos de punta, quería compartirlo con vosotr@s. Dañó mi sensibilidad y seguramente dañará la vuestra, pero hay que luchar contra la violencia doméstica, estas personas que para mí son monstruos, no pueden quedar impunes. Este relato es tan solo una carta pero hay mucho de realidad.

Fernando Orden Rueda, es un estudiante de 2º de Bachillerato, en Badajoz que escribe una carta dirigida a un maltratador. La carta es tan emocionante e impresionante que ha recibido un premio por ella. Aquí os la dejo, y ya me contáis qué os ha parecido.



CARTA A UN MALTRATADOR



Para tí cabrón: porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado,..... porque la has maltratado.
¿Por qué la maltratas? dices que es su culpa, ¿verdad?, que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión, cuando tú con tu método de disciplina intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo, y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: se queja porque no vive, porque vive pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... la acobardas, la empujas, le das patadas..., patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana, y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla, (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿ y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba que en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos... más, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era momento ni la situación. Suplicó que te acostases, estarias cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no! no lo permitas!. De repente me oyó. Esta vez si que no!-dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo. Por que tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla, y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y otro por la barriga, así, una y otra vez... y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y también me dolía el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por tí nunca llegué a nacer. nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí. Ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo, también por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida. Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre, ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos, señalaban al mío, porque en el barrio todos sabían que tú eres un matratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña, un cabrón.

domingo, 28 de septiembre de 2008

QUÉ HACER

Si fueras o eres madre, abuela, prima.... por mucho daño que te haya hecho un hijo, nieto, primo... lo dejarías de lado? Le dejarías que pasara solo las Navidades? Podrías estar sin saber de él dos semanas, un mes, dos años?
Todo el mundo cometemos errores, algunos leves, otros bien gordos, pero pienso que sea cual fuere la gravedad del error, seguramente vosotr@s no podríais "abandonar" así a un hijo, nieto o primo.
Él es bueno, con buen corazón, y esta situación lo tiene traumatizado, por eso cuando le da vueltas a la cabeza y piensa en su familia se refugia en unas cuantas copas, para evadirse del mundo, porque en esos momentos todo le da igual.
No es capaz de entender que su otra familia, la mía, le quiere, tal y como es, su mente y su corazón no cree que exista ese amor hacia él por que piensa que es un cero a la izquierda y que no sirve para mucho.
Quiero ayudarlo, hacerle ver que vale más de lo que él cree, que si su familia no le quiere yo sí, y hacerle comprender que tiene que hacer su vida, no destruirla.

¿Dejarías de quererlo? yo no.

martes, 29 de julio de 2008





Hoy pasear por mi corazón es dar un paseo oscuro, triste, con lluvia y sin flores en el camino.


Pensé que la había encontrado, creí haberla tocado con una sonrisa, sin embargo, la felicidad queda aún muy lejos.


Jamás di permiso para que jugaran con mi corazón pero parece un juguete atractivo y muy divertido por que me da la impresión que no dejan de jugar con él.

Sientes que el mundo se rompe a pedazos y tu vida no sirve para mucho, entregas tu alma, tu cariño, y todo lo bueno que hay en ti, y entonces cuando lo has entregado todo te clavan un puñal, y tu corazón sangra, a veces la hemorragia se para pero dura poco tiempo, piensas que las aguas se calman, pero el propósito es matarlo.

¿El amor? ¿qué es eso?, se me escapa de las manos, porque para mí es confiar, respetar, ser lo más importante de su vida, de tu vida, ... pero siento que no lo soy, que mi pena me ahoga, mis lágrimas borran mi sonrisa, que hasta mi soledad tiene vacío y mi corazón sólo dolor.

No hace buen día en mi corazón como veis, el día ha salido nublado y siento hasta frío a pesar del calor que hace ahí afuera. Quisiera explotar, liberarme, y chillar contra el viento que no soy un trozo de carne con ojos, que tengo sentimientos, que no merezco este dolor.